ella recibiéndome en su abrazo
soñarla abarcando sosteniendo mi totalidad desbordada en un abrazo
los contrastes mis extremos mi secreto a voces mi alma nada menos que ese río subterráneo de mi alma
sostenida toda yo en ella en sus manos sus manos buscando que de tan sabias yo las sueñe en mi cuerpo en la continuidad de los parques en el suelo de incienso en la madera que desteje el plexo
en las huellas que me extraviaron en la sala que recibe mi totalidad desbordada subterránea a voces y despeja lo onírico lo desarma en manos ella la que sueño sí
peromásbienella la que abrazo
ritual
ella aceptando el vacío ella encerrándose en su crisálida negra arráncandose la ropa desgarrando la piel seca vieja ella muriendo plena dejando morirse amazona gastada vencida en su victoria plena muerte para ella que libró todas las batallas
deponer las armas justo ahora no antes no siempre sino en el exacto ahora que le pide muda nueva desnuda tan desnuda que no le alcanza la piel para descubrirse para entregarse ciega puro cuerpo puro latido pulsante recibiendo un vestido hecho de alas de todas las alas púberes intocadas en un cuerpo que ha amado tanto confiado tanto cuerpo que ha oficiado su sacrificio que ha conocido el vértigo el goce y sin embargo no nunca fue ahora nunca virgen de este modo no ha sido amada esta que es
esta que es recién nacida ante mis ojos esta que desgarra y rompe y recibe y sale y despliega un corazón que expande mis manos ritualiza mis manos nada hago sino que es hecho desde un linaje sin tiempo linaje de hembras que la coronan de selva pelo verde gaia eterna que permite se deja soplar de almas convoca una voz en mi voz en todas las voces
y danza
en ella
en nosotras
rito nupcial para la que pude ser y ella encarna para lo que ella convoca y yo entrego para lo que equilibra el orden y lo devuelve danzante al corazón secreto del femenino salvaje
Ausencias
Sucedió por primera vez cuando tenía doce años.
Estaba en mi cama, aún no me había dormido. Observaba la habitación con la vista desenfocada, la mente vagando sin detenerse en nada. Con abrupta sencillez, como quien descubre que habla un idioma que nunca había siquiera escuchado, me incorporé mientras mi cuerpo seguía acostado.
Un gran susto estalló en mi dos estómagos (en el de aquella que se incorporó y en el otro) y todo se recompuso en un instante.
Jamás volví a ser la misma.
Desde entonces la experiencia se reiteró incontables veces. Salgo de mi cáscara y viajo en el ensueño. Una y otra vez, salgo de mí. Me voy.
Ya no me asombra. Soy la que viaja sin cuerpo.
Sin embargo me pregunto hacia donde parten ellas, hacia donde parto yo, extraviándome de mí por un tiempo que ignoro, dejando menos de mí en mí, diluyendo esa quien soy mientras me ausento.
Muchas veces ando buscando por el mundo disfraces con qué recubrir mi carencia de sustancia, inventando una densidad que se diluye en cada episodio, que se quiebra en cada desprendimiento.
Sé que las partidas más numerosas ocurren en sueños y algunas veces, en sus umbrales. Pero no puedo ocultar que hay otras más.
A veces retorno, pero otras me pierdo, irremediablemente.
Y ahí ando. Buscando.
Todo aquello que soy y huye de mí.
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