.
desde la noche del humus
el agua asciende en gotas por las raíces
árbol de los estrépitos
grita el ascenso
hasta el borde de las hojas
.
reencuentro
.
me pregunto dónde anduvo
.
sus huellas me expulsan de los caminos
las palabras no envuelven ahora
ni siquiera caen
rompen en astillas filosas
la perfecta luminosidad de la imagen
se me clavan fragmentos de ella
en las yemas
nudo seco y no sé por qué le explico
no lloro, ya no lloro, casi nunca
sabés?
.
.
árbol de palabras
en el desierto de lava
lucidez de la sed
ignorarlo todo
sobre ella misma
ausencia de lluvia
saber que no recuerda que sabe
que anidan los frutos en sus pájaros
vuelo inmanente
en el sol de la especie
sus ojos a través del miedo
pueden tanto
desafío combustión a terror
a risa a juego de niñas
que se espantan de ellas mismas
sostenerse en el filo brutal de la incerteza
mi herida transversal
le señala el camino
a lo que pide ser en mí brotar de mí
ser arrancado de cuajo
y volver al día
entre raíces húmedas de palabras
.
el viento deshojando los cuerpos
.
llueve en el desierto de lava
.
sorda lucidez de la sed
.
leer un rato, esta vez
.
El pulso (fragmento)
-¿Lo creerás, Ariadna?- dijo Teseo –El minotauro apenas se defendió
Jorge Luis Borges, La casa de Asterión
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árbol de palabras
en el desierto de lava
lucidez de la sed
ignorarlo todo
sobre ella misma
ausencia de lluvia
saber que no recuerda que sabe
que anidan los frutos en sus pájaros
vuelo inmanente
en el sol de la especie
sus ojos a través del miedo
pueden tanto
desafío combustión a terror
a risa a juego de niñas
que se espantan de ellas mismas
sostenerse en el filo brutal de la incerteza
mi herida transversal
le señala el camino
a lo que pide ser en mí brotar de mí
ser arrancado de cuajo
y volver al día
entre raíces húmedas de palabras
.
el viento deshojando los cuerpos
.
llueve en el desierto de lava
.
sorda lucidez de la sed
.
paisaje
.
descenso ingrávido
del plexo
descenso ingrávido
del plexo
ahí
donde no debí perderme
quedaron alas
quedaron alas
agua de nuez moscada
y tomillo
para las que no saben llorar
Cuento de hadas en un breve acto
Ella
qué harías por mí?
El
lo que sea
Ella
tuerce el destino entonces
o disuélveme en un río
de diamante líquido
El
sabes que no puedo
Ella
y tú sabes que no voy a perdonarte
El
impúdica
Ella
cobarde
coexisten
gusano, crisálida
y mariposa
se alternan los tiempos
el latido que irriga en las alas,
repta
la transmutación se repliega
se disfraza la muerte
en colores
un acto violento atraviesa al frágil gusano
lo despliega en alas
y la noche eterna esfinge de la crisálida
la expulsa en vuelos hasta el barro
en el horror,
nacimiento
lepidóptero circular
anida en su centro
el sueño de un niño
que me busca
olvidándome
detenerse antes de consumar la caída
un cosmos de artificio
un orden condenado a ser interrumpido
hasta dónde caer?
hasta mí
hondamente en mí
donde no soy
donde rasguña la ausencia la herida despoblada
mutilación del grito
un cielo invertido espera
nunca hubo lluvia para él
descender hasta el olvido
hasta el silencio
dejar al fin
de sostener
olés? entonces desconozco
la casa grande de los expatriados
quién te persigue desde adentro?
huir oler
no puedo tanto
no puedo
caen los días en tu cuerpo
y me aplastan
finge ser noche
el otro lado del cielo
dado vuelta como un guante como un mirlo
ves?
entonces ciega de tus ojos
me dejaste sola sosteniéndolo todo
otra vez
la omnipresencia
del no dios
inadecuada
cargo en mí casi todos los estigmas me canso de mí me agoto de las horas que no cesan de este mal de tiempo exiliada en el revés de los días arden las huellas antes de hundirse por eso mis pies se niegan a pisar y a sostenerme quién soy qué soy quién va a encontrarme entre las voces de las sienes me aturdo no puedo respirar si soy el aire impaciente para decirme no puedo tolerar ser tanto ser todas las que soy frágil en el desierto de mi fuerza huérfana como demonio en el sentido. todas. nadie.
visión
.
naciendo cuántos
naciendo
cuántos enfermando cuántos renunciando ofreciendo defendiendo
cuántos muriendo haciendo el amor
cuántos bailando abrazados drogándose orando
cuántos durmiendo
cuántos trabajando temblando pariendo
corrompiendo olvidando robando sembrando depredando
cuántos
odiando rindiéndose asesinando creando discutiendo
cuántos durmiendo
preguntándose
viendo
el tejido donde los ojos ciegos
cuántos escribiendo el asombro intolerable en el silencio
lonodicho
lo que queda
letrasnúmeros abriéndose partiéndose vaciándose
no quiero intuir tampoco temo
entrega al notiempo
evidencia de cáscara
hombre espera trae mapas de tiempo decirse vanos espejos lo no dicho, en cambio,
lo no dicho
el revés de la trama desvanece
alguien anda
despojándose en silencios
reintentando el mapa que lleva
a una palabra impronunciable
grito latiendo en el filo de los andenes que nos cruzan
no puedo oírlo enmudecidos en trenes túneles de cemento conduciendo extraños
conduciéndonos
precisamente por eso
oigo las letras partidas
y
sed
obra
epílogo # 5
(gracias, caballero)
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